Una luz incandescente que entró por mi ventana hizo que abriera los ojos, no sé cómo describirlo. Fue un destello fugaz, pasó y no pasó, o estaba loca y veía cosas que no existían. Pero hizo que me despertara.
-¿Qué pasará ahora...?-dije en un hilo de voz.
Me asomé a la ventana, y con dificultades intenté abrir la ventana hasta que de repente una pequeña piedra me dio el el brazo con el que había abierto la segunda contraventana, menos mal que no era el brazo malo...
`Mierda, me he echo sangre`.
Intenté abrir los ojos bien, para divisar de dónde venía esa luz prominente.
Otra piedra, en el mismo brazo, me dio.
Decidí bajar al jardín a ver qué diantres era lo que pasaba allí fuera. Bajé las escaleras cautelosamente, sin zapatos, sin ni si quiera respirar, pues mi padre tenía un sueño muy ligero y la ama de llaves ni te cuento.
Divisé la silueta de un chico, que seguía tirando piedras a mi ventana. Me acerqué, y pareció quedarse de piedra.
-¿Quien eres tú? ¿Qué haces en mi casa? - hice una pausa sin dejar que contestara- me has echo daño con una piedra, ¿sabes?
-Oh, lo siento mucho Alessia... Quería saber cómo estábais.
-¿Alessia? ¿cómo sabes mi nombre? -extrañada, e incrédula a la vez-
-Siento no haberme presentado, soy Mike.
-Mike, un nombre un tanto macarra para la forma en que hablas eh -reí-
-Jaja, si vos lo decís... -sonrió-
-Anda, me pareces muy majo... ¿quieres pasar? Pero tendríamos que subir con cuidado las escaleras, hasta llegar a mi cuarto porque si no...
-Que agradable sorpresa, nunca lo habría imaginado señorita. Claro, pasemos si no os es molestia.
Entramos, atravesamos la puerta y subimos las escaleras sigilosamente, una vez en mi habitación, invité a Mike a sentarse en mi amplia y descomunal cama.
-Alessia, ¿vuestro brazo está bien? -mostró cierta expresión de preocupación-
-Sí, perfecto jaja -dije sarcásticamente-
De repente, sentí un destello, sentía cómo golpeaba la misma luz incandescente que me había despertado. Pero esta vez no golpeaba mi apesadumbrado rostro, no. Golpeaba mi corazón, haciendo que latiera a un acelerado ritmo cuando tenía a ese recién conocido cerca, del cual solo sabía una cosa: se llamaba Mike.
-Y Mike, ¿por qué has venido aquí?
-Me enteré que te había pasado algo y volé desde Londres hasta aquí.
-¿Qué? ¿Londres? ¿Eres de Londres? ¿Cómo te enteraste del accidente? -que raro era todo...-
-Sí, soy londinense; me he criado en el palacio de Webminster, con la realeza. Verás, te resumo la historia...
`Tengo 17 años, y me llamo Mike, como ya sabes. Mis padres tuvieron un accidente de tráfico mientras mamá estaba embarazada. Mi padre murió, y mi madre, aún conmigo en su vientre, seguía con vida. Pocos minutos después llegó el momento de dar a luz: sin ánimos, solo con la esperanza de traerme a mí al mundo, mi madre hizo muchos esfuerzos; pero murió tras tenerme. La familia real me acogió como su hijo adoptivo, y me he criado en el Palacio de Webminster, en Londres. Pero toda mi insignificante y aburrida vida dio un giro de 360 º cuando llegaste vos a mis sueños. Hace un mes el curso de las cosas cambió. Porque aún sin teneros, puedo jurar por mis padres, que os anhelé como nunca he anhelado. Decidí viajar, con el consentimiento de mis padres adoptivos, cuando os vi en las noticias con un titular semejante a "Justin Bieber deja a Selena por una chica italiana". Cuando vi las fotos que aparecían vuestras, me anonadé intentando recuperar el último aliento que me quedaba allí, en Londres. Pues he estado desde ese accidente, buscándoos por todas partes hasta que os encontré. Y aquí estoy, muriendo por dentro al saber que vos, estáis enamorada de una estrella del pop.´
-Oh... -me quedé sin palabras, fue precioso-
De repente, me acerqué a él. Nos miramos fijamente, y me sumergí en sus ojos castaños queriendo quedar atrapada en ellos.
Sí, nos besamos. Fue un beso tierno, apasionado y delicado. Sus labios colisionaban con los míos al unísono, con delicadeza para no hacerme sentir incómoda. Pero desde ese beso, todo pasó muy deprisa...
Estábamos en mi cama, nos acostamos y nos miramos durante largos minutos; eternos diría yo.
Continuamos besándonos, con la misma delicadeza. Esa delicadeza con la que paseaba sus suaves y firmes dedos por mis labios. Me saqué la camiseta, y a continuación los pantalones del pijama hasta quedar en completa ropa interior. ´¿Estoy haciendo algo mal, a caso?`. Tenía un deseo irrebocable por él, pero conforme mi cuerpo yacía desnudo en la cama, bajo el suyo, comenzaron las confusiones.
Todo fue muy delicado: yo era virgen, pero para mi sorpresa él no. No me lo explicaba, pero quería intentarlo. Justo en el momento en el que Mike intentó penetrarme, pensé en Justin. `¿Cómo puede salir una persona de tu vida y entrar otra de repente?´ Las dudas no dejaban de mezclarse con mi deseo, y aún así, lo hice...

