martes, 22 de noviembre de 2011
Anhelo.
Porque si tú no estás me muero. Anhelo esos veranos en la casa de la playa donde jugábamos al ajedrez. Me pierdo en sombras que solo me recuerdan de tu ausencia, dibujando lágrimas que brotan por mis pestañas para fundirse en mis mejillas y en otros casos, caer en mis labios para adivinar a qué sabe la tristeza. Tristeza porque te has ido, porque ya nada es igual. ¿Recuerdas el SIEMPRE que prometimos ese 2 de Julio en la playa? Pero ahora es que comprendo que como al igual ese SIEMPRE con nuestros nombres lo borraban las olas, nuestro amor se deterioró con el paso del tiempo... Bueno, mejor dicho: tú deterioraste mi pobre y agrietado corazón.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Memorias de una vampira~ CAP.3
Saik, mientras seguía a Sarah cada vez se alejaba más de la civilización... Parecía que su casa estuviera perdida, en un lugar Dios sabe donde y que tardaría no se sabía cuanto.
Llegó a una zona costera, pero deshabitada. Solo se podía divisar una enorme y preciosa casa, que parecía estar habitada por gente de mucho dinero y con muchos miembros familiares. La casa estaba situada al pie de un acantilado que ofrecía una preciosa vista del paisaje marítimo: el agua cristalina y azul como los ojos de Sarah, era una sensación electrizante el hecho de mirar al mar y pensar en ella... A Saik se le ponían los pelos de punta cuando se adueñaba de sus pensamientos.
Sarah bajó del coche, y Saik, que había bajado ya para no levantar sospechas, escondido detrás de unos pocos arbustos, se fue acercando cada vez más para ver cómo actuaba. Sarah tocó la puerta y una preciosa mujer abrió la puerta, sonriéndole y abrazándole, y ella, aceptando ese cariño.
Saik pensaba para sus adentros, que cómo una chica como Sarah, que parecía fría como el hielo y áspera como un esparto, podía soportar que la sobaran y besaran de tal manera. Supuso que era su madre quien abrió la puerta: una mujer de rostro pálido también, ojos azul grisáceo y cabellos de oro.
Esperó junto a la casa escondido, tras cuestión de unos 25 minutos Sarah salió y Saik torpemente salió de su escondite y ella lo descubrió.
-Se puede saber, ¿qué demonios haces tú aquí? -gritó Sarah-.
-Lo siento, estaba... emm... ¿esa era tu madre?-intento calmar Saik la situación-.
-Sí, es mi madre. ¿Qué más quieres saber? ¿Piensas espiarme mientras me duche o algo por el estilo?-Sarah seguía alterada-.
-Pues no estaría mal, jaja-bromeó Saik, empeorando repentinamente la situación-.
-Mira, te dije que tuvieras cuidado y no te quiero ver cerca de mí más.. Ni por aquí-.
-Pues eso quien lo decide soy yo, no tú - le guiñó un ojo a Sarah-.
{Sarah, cabreada y de algún modo extraño, excitada, miró eléctricamente a Saik, provocando en el cuerpo del joven un estremecimiento en su cuerpo}
-No me mires así más, ¿entendido? -Saik agarró su mano, y la soltó tras tocarla... Pues estaba congelada como el hielo- Estás .. helada.. ¿te encuentras bien?
-Suéltame, eres un estúpido. Sí, estoy de lujo. Ahora VETE y no VUELVAS.
-Claro, como pidas- dijo Saik irónicamente, y la besó sin tiempo de que le diera a reaccionar-.
Llegó a una zona costera, pero deshabitada. Solo se podía divisar una enorme y preciosa casa, que parecía estar habitada por gente de mucho dinero y con muchos miembros familiares. La casa estaba situada al pie de un acantilado que ofrecía una preciosa vista del paisaje marítimo: el agua cristalina y azul como los ojos de Sarah, era una sensación electrizante el hecho de mirar al mar y pensar en ella... A Saik se le ponían los pelos de punta cuando se adueñaba de sus pensamientos.
Sarah bajó del coche, y Saik, que había bajado ya para no levantar sospechas, escondido detrás de unos pocos arbustos, se fue acercando cada vez más para ver cómo actuaba. Sarah tocó la puerta y una preciosa mujer abrió la puerta, sonriéndole y abrazándole, y ella, aceptando ese cariño.
Saik pensaba para sus adentros, que cómo una chica como Sarah, que parecía fría como el hielo y áspera como un esparto, podía soportar que la sobaran y besaran de tal manera. Supuso que era su madre quien abrió la puerta: una mujer de rostro pálido también, ojos azul grisáceo y cabellos de oro.
Esperó junto a la casa escondido, tras cuestión de unos 25 minutos Sarah salió y Saik torpemente salió de su escondite y ella lo descubrió.
-Se puede saber, ¿qué demonios haces tú aquí? -gritó Sarah-.
-Lo siento, estaba... emm... ¿esa era tu madre?-intento calmar Saik la situación-.
-Sí, es mi madre. ¿Qué más quieres saber? ¿Piensas espiarme mientras me duche o algo por el estilo?-Sarah seguía alterada-.
-Pues no estaría mal, jaja-bromeó Saik, empeorando repentinamente la situación-.
-Mira, te dije que tuvieras cuidado y no te quiero ver cerca de mí más.. Ni por aquí-.
-Pues eso quien lo decide soy yo, no tú - le guiñó un ojo a Sarah-.
{Sarah, cabreada y de algún modo extraño, excitada, miró eléctricamente a Saik, provocando en el cuerpo del joven un estremecimiento en su cuerpo}
-No me mires así más, ¿entendido? -Saik agarró su mano, y la soltó tras tocarla... Pues estaba congelada como el hielo- Estás .. helada.. ¿te encuentras bien?
-Suéltame, eres un estúpido. Sí, estoy de lujo. Ahora VETE y no VUELVAS.
-Claro, como pidas- dijo Saik irónicamente, y la besó sin tiempo de que le diera a reaccionar-.
Perdida entre las palabras que disfrazas con papel de colores.
Una, dos, tres, cuatro... Hasta que conté 100.
Fueron exactamente 100 palabras. Palabras que revoloteaban en mi cabeza, extrañas sensaciones y estremecimientos que mi cuerpo sufría cuando las pensaba. Eran palabras inventadas, palabras distintas, palabras profundas... Intento desvelar su significado, pero por más que intento no lo logro. Y es que ahora entiendo todo, ahora entiendo que esas 100 palabras en las que se perdían mis sueños, mis esperanzas y mi fe estaban disfrazadas con papel de color; eran mentira.
Fueron exactamente 100 palabras. Palabras que revoloteaban en mi cabeza, extrañas sensaciones y estremecimientos que mi cuerpo sufría cuando las pensaba. Eran palabras inventadas, palabras distintas, palabras profundas... Intento desvelar su significado, pero por más que intento no lo logro. Y es que ahora entiendo todo, ahora entiendo que esas 100 palabras en las que se perdían mis sueños, mis esperanzas y mi fe estaban disfrazadas con papel de color; eran mentira.
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