miércoles, 30 de mayo de 2012

Querida Mariah, soy John.


Querida Mariah, soy John, y llevas toda la razón cuando dices que siempre nos quedará París.

Respecto a lo de una nueva vida... Sí la tengo. Mas no amo a la mujer con quien he tenido dos niños preciosos, te sigo amando a ti. No he podido olvidar aquellas tardes de verano paseando en barca por el lago, respirando tu aire y soñando tus sueños. Compartiendo habitación, e incluso cama. Viéndote dormir, observando cada una de las facciones de tu rostro mientras yacías sobre mi pecho, dormida. 
Nunca leí las otras cartas, no las llegaste a enviar. Las mías supongo que tampoco las recibiste, y llevo esperando este día desde que me fui del pueblo. 
Mariah, te amo. París, espéranos que estamos a tiempo.

Querido John.





Hola John, todo ha cambiado desde que te fuiste. Nada es igual, absolutamente nada.
A pesar de que hayan pasado diez años yo no te he olvidado, y tampoco he olvidado esa sonrisa pícara que se te escapaba cada vez que me veías tropezar... Por no hablar de esos hoyuelos que tienes en tus mofletes, cómo me gustaban.
Los días han sido blancos y negros desde tu ida, ya que ni el gris ha hecho acto de presencia en tanto tiempo. Y no me importa lo que pienses por haberte escrito más de mil y una cartas de amor, aunque seguramente ya tienes tu vida hecha y estés casado, con algún que otro hijo y una maravillosa esposa.
Sé que esto no cambiará nada John, pero siempre nos quedará París.

Verdades como casas



Hace un par de años, en un lugar del cual no me acuerdo y en una fecha desconocida, le vi por primera vez. El cielo estaba despejado, no había ninguna nube que tapara el más mínimo rayo de luz que desprendía el sol. Todo sucedió muy deprisa, él se acercó a mí y yo, tímidamente, intenté no quedarme anonadada entre esos perfectos rasgos de su rostro, ese magnífico olor que desprendía cuando caminaba gracias a la suave brisa que lo esparcía alrededor de quién lo tuviera cerca.

En ese instante perdí la noción del tiempo, sentí que solo estábamos nosotros dos en el planeta, sentí que había encontrado lo que siempre había querido, lo que siempre había soñado tener. 
Nuestras miradas se cruzaron; en su cara, un libro abierto. Me miraba con cierta ternura, con esa sonrisa de medio lado que consiguió cautivarme en un segundo. No hicieron falta preguntas, solo nos abrazamos y ahí sentí estar más protegida que nunca, en sus brazos. 
Sus ojos color miel me hicieron esclava de sus suspiros; ojos que cuando te miran fijamente te hacen ver las cosas desde otra perspectiva, que te hacen ser mejor persona de un segundo a otro. 
Sus labios privaron mi libertad, convirtiéndome en prisionera de sus besos y dejando a los demás en el olvido, permaneciendo él, el único, en mi pensamiento. Repentinamente, sonrió. Su sonrisa cálida iluminó el lugar donde nos encontrábamos y en ese momento supe que me había enamorado, supe que el destino había jugado a nuestro favor con intención de unirnos para el resto de nuestras vidas. 
Su voz, era la voz a la que hubiera respondido estuviese viva o muerta, estoy casi segura de ello. 
Él es la canción de la que no me cansaría nunca, quien me hace estremecer cuando roza con sus labios mi nuca. Es la razón por la que vivo, mi fuente de inspiración gracias a la que escribo. Es esa luz que brilla siempre en la oscuridad, un apoyo completamente incondicional. Es la nota que le faltaba a mi compás, la única persona que no dejo de pensar. Él es la razón de mi existir, por que sin él, no sería tan feliz. Él es mi ser, la persona que a mi lado siempre he anhelado tener. 
Sin él, mis silencio se convertiría en soledad, mis lágrimas ahogarían el mar. Porque le quiero, por encima de todo y todos, por encima de cualquier pero. Mis días no cobrarían vida, no tendrían este color que solo él le ha dado con el paso del tiempo, mi existencia no tendría sentido, ni mi corazón fuerzas para latir.
Los dos estamos locamente enamorados.
Él es mi presente, será mi futuro y es lo mejor que me ha pasado.

¿Enserio, ya me olvidaste?

Ojalá pudiera borrar de mi mente uno a uno los recuerdos que grabaste en mi corazón.
Deseo poder borrarlos uno a uno porque me hace daño recordar tu voz.
Borrar los "te quiero" que me susurraste un día,
y ahora dices que eran falsos que todo era mentira...





¿Mi felicidad? Tu sonrisa.

Tienes una sonrisa capaz de mover montañas, de calmar la más cruda tempestad e incluso de hacer que cambie el movimiento de las olas del mar. Y cuando sonríes, el mundo entero para simplemente para ver el brillo de tus dientes y el perfil de tus labios. Amaina la peor tormenta y hasta los más infelices encuentran la felicidad. Se acelera mi pulso y aumenta el ritmo cardíaco de los latidos de mi corazón. Cuando sonríes a quemarropa contra el filo de mi boca, estremeces desde el primero hasta el último de mis sentidos. Te conviertes en el dueño de mis sueños y suspiros. Es ver esa sonrisa y sacar yo una, torpemente, inevitablemente, sin poder reaccionar de otro modo que quedándome anonadada en tus labios.
¿Mi felicidad? Tu sonrisa.