miércoles, 4 de septiembre de 2013

Se oyen pasos de alguien, que no llega nunca.

Desde que lo conocí me he estado preguntando si pensará en mí como lo hago yo; si sonreirá al escuchar mi nombre como sonrío yo al escuchar el suyo.
No me explico cómo en tan poco tiempo, en apenas unos minutos, el corazón de una persona deja de latir al ritmo que lo hacía, para latir al ritmo que ahora le marca una persona que hasta hace poco desconocía...
Siempre me ha costado exteriorizar mis sentimientos,
he sido fría,

sin embargo, desde el día en que el destino te cruzó en mi camino mi corazón se derritió con el roce de tu piel sobre la mía.
Me asusta el pensar que me has hecho sentir lo que nadie nunca ha logrado, y me aterra el simple hecho de imaginar lo que sería una vida sin ti.

Qué ironía, ¿no?

Cuando no te tuve, ni te tengo, me aferro a la esperanza de compartir un futuro contigo.. Un futuro sin complicaciones, solo sonriéndome como hiciste aquel día. Porque quizá yo para ti no existo, pero tú te has convertido en la razón de mi mera existencia. Y lo que más duele de todo, es ver que no muestras el interés que muestro yo por ti, y más de una vez en estos amargos días impregnados del aroma de tu recuerdo se oyen pasos...

Se oyen pasos de alguien, que no llega nunca.


martes, 3 de septiembre de 2013

"Nunca nadie me sonrió así"

Esa sensación, cuando accidentalmente, lo ves por primera vez y se detiene el mundo, el planeta deja de girar en torno al Sol y la gravedad ya no es la que mantiene tus pies sobre la Tierra, ahora sientes todo tu entorno girando alrededor de él. Sus ojos paralizan hasta el más agudo de tus sentidos, su mirada te estremece hasta erizar por completo cada parte de tu piel. Sonríe y sientes sumergirte en un profundo sueño del que no quieres despertar; y su olor, te embriaga de todas las maneras posibles cuando se acerca a ti. Tu corazón latiendo a mil pulsaciones por segundo, se acelera cada vez más, a cada segundo, a cada centímetro más cerca de tus labios... Todo, accidentalmente, por desgracia o por fortuna, cambia. ¿Y tú? Tú no puedes hacer nada para evitarlo. Ya es demasiado tarde. No debías haberlo mirado, no debiste haber intercambiado ni el mínimo gesto con él. Cuando no lo tienes cerca de nuevo, y estás en la cama intentando poder dormir, ni el cansancio ni nada pueden hacerte entrar en trance para lograrlo; tu cabeza se llena de pájaros, de ideas, transforma todo aquello que creíste sentir por él haciéndote creer que todo será bonito... Que quizá no seas una más de cientos para él; con la esperanza de que quizá vea en ti algo especial que nunca encontró en otra persona. Sin embargo, cuando vuelves a verlo todas sus miradas o muchas de las que percibes, se están fijando en ti. -Te pones nerviosa y desvías tu atención a cualquier otro punto cercano a él-. Como si él quisiera decir algo y su orgullo o su prepotencia se lo impidiera. Y tú, como una tonta, pensando que quizás, solo quizás, quiera decirte "escápate conmigo" o "vámonos lejos". Pero ves esa posibilidad nula, cada vez más confundida caes en la incertidumbre y la impotencia de no poder saber lo que siente, lo que quiere y lo que piensa de ti. ¿Qué me pasa? Te preguntas cada vez que lo miras y sonríes inevitablemente. Tal vez no merezca la pena, ni debas intentar luchar por ello pero mientras el corazón esté dispuesto a seguir aguantando lo que venga con anhelo de que seguidamente venga por fin la calma en todo este tormento y la batalla entre mi cerebro y mi corazón, que no suelen estar de acuerdo nunca.


Se marcha.

Se está yendo.

Entonces inconscientemente agarras su brazo, lo acercas a ti y le pides con la mirada que se quede. Él aturde tus ideas con su sonrisa, y su despedida, que pareciera que quisiera quedarse para ver qué pasaba entre vosotros. Pareciera que le hubiera gustado seguir allí, en aquel lugar o en otro, pero contigo por esa noche. Al menos para darte la oportunidad de hacerle ver que hay algo en ti que te hace diferente.

Os despedís.

Os miráis.

Un abrazo acompañado de un beso en la mejilla, eso fue todo.
Duró poco, pero fue lo más intenso que has experimentado en tu vida. Quizá debiste besarlo, sacarlo a bailar ya que él no se atrevió. Tal vez de nada sirvió la timidez, cuando lo que tenías que haber hecho desde un principio era llevártelo lejos... No sabes qué pasará cuando lo vuelvas a ver, pero tu corazón te anticipa que dará un vuelco y tu cerebro te pide a gritos que lo escuches a él.
No sabes qué es lo que vas a hacer para conseguirlo. Y si te eres sincera a ti misma, admitirás que

nunca nadie te sonrió así.

Pérdidas llamadas experiencias.-

Quizá escondí bajo un caparazón al que me gusta de vez en cuando llamar "corazón", todo lo que algún día sentí. Simplemente por miedo de mostrarme tal y como soy, por recelo o sencillamente por desconfianza; porque creí que era mejor guardar lo que uno siente para sí mismo y que de donde viene, de lo más adentro y profundo del pecho, se quedara allí, en su lugar de origen... El caso es que..

-llegaste tú-

y todo mi mundo cambió, dio un giro repentino de 360º y yo no pude hacer nada... No pude evitar que invadieras todo de mí; no pude eludir las llamas en que mi pecho estaba ardiendo y quemándose por dentro, y decidí decírtelo y apostar... Y aposté. Y arriesgué. Y gané. Y perdí.

Aposté por ti y sin embargo me arriesgué en brazos de terceras personas, te gané con el tiempo y te consideré mío, y me consideré tuya. Y perdí, te perdí a ti. Pero todo pasa por algún motivo, no hay destino equívoco sino pretensiones basadas en escoger un camino final que no es el nuestro ni nos pertenece. Así que, de este modo, aposté todo y arriesgué lo que un día describía como lo que "más quería", y gané experiencia propiciada por miles de errores que cometí, mas perdí una parte de mi vida.

Que quiera o no, siempre formará parte de mí y de lo que soy. Siempre estará en mí.