Llega un momento en nuestra vida en el que nos paramos a pensar qué estamos haciendo con ella. Y es ahí donde nos damos cuenta de que no queremos que las cosas sigan como están; no queremos seguir despertándonos y reviviendo cada día las mismas experiencias, la misma rutina. Queremos fijarnos nuevas metas, queremos levantarnos y dejar que el día, por sí solo, nos sorprenda. En conclusión: queremos ser felices. Pero desgraciadamente a veces, por nuestro propio bien, tenemos que renunciar a aquello que creíamos era el motivo de nuestra felicidad, con el fin de encaminarnos hacia algo mejor. Y aunque duela tener que rechazar un pasado que en su día, te hizo feliz, debemos ser un poco egoístas y darnos cuenta de que la vida es una sola y está para cometer errores, errores que no son inservibles, porque siempre nos enseñan algo nuevo. Quizá la clave de la felicidad esté en cometer errores, en equivocarnos como si no hubiera mañana. En aquello que realmente nos hace feliz, en esas pequeñas cosas que significan mucho. Así que...
Gracias pasado, por haberme hecho tanto daño. Por haber tenido que enfrentarme a la pérdida: de amistades, de amores, e incluso de familiares... Pero sobretodo, gracias por haberme enseñado tanto, por haber sido tan buen maestro haciéndome tropezar con muchas piedras en mi camino, piedras que he ido acumulando para que cada vez mi castillo sea más grande.
Gracias presente, porque eres el mejor regalo con el que el ser humano puede ser premiado... Porque al fin y al cabo, estamos vivos. ¿Qué hacemos lamentándonos, en vez de ir en busca de la felicidad?
Y a ti futuro, no he de agradezco nada porque a partir de hoy no viviré pensando en ti. Dedicaré mis pensamientos y mi día a día al presente...
Porque es ahora o nunca.