Sarah Kimbertly, una chica como otra cualquiera, pero algo en ella llamó la atención de Saik Smith... Tal vez sus ojos azules, o su sonrisa que parece dibujada con un pincel palmo a palmo a la perfección. No lo sabe ni él mismo. Saik, un chico de lo más normal también, aunque algo introvertido.
Era un 17 de Noviembre, el más frío de los otoños que se habían dado en la ciudad... Sarah era nueva en el instituto, tenía 17 años e ideas claras. Era su primer día, había llegado tarde porque debido a su torpeza, casi la atropella un coche que iba como alma que lleva el diablo. Saik estaba sentado en su pupitre, cuando la vio entrar...
-Buenos días señorita, debes de ser Sarah... Sarah Kimbertly, ¿no?- dijo el profesor Lewis.
-Sí- dijo Sarah fríamente sentándose en el pupitre que había vacío, cerca del de Saik.
-Pues incorpórate a la clase. El alumno Saik te dará sus apuntes si no es molestia, ¿verdad señorito?-.
-Emm.. claro, claro -dijo Saik atónito mirando el azul grisáceo de los ojos de Sarah-.
Sarah no hablaba, no sonreía... En su cara no se mostraba ninguna emoción o reflejo de sentimiento alguno. Mas en sus ojos azules se podía ver, o por lo menos eso pensaba Saik, que tenía una coraza donde guardaba bajo llave bastantes secretos; una infinidad de secretos...

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