domingo, 21 de octubre de 2012

Promesa número dos.

Aquel dos de noviembre, prometiste que nunca partirías para alejarte de mi lado. Recuerdo las hojas caer del gran sauce bajo el que nos refugiamos de la lluvia, aquel imponente árbol de ramas húmedas y algo quebradas donde, por primera vez, sentí algo revolotear en mi interior. Te miré. Me miraste. Nos miramos. Bastó tan solo esa mirada para saber que el sol volvería a brillar entre las nubes, entonces, me besaste. Efectivamente, el sol salió, pero desgraciadamente tú, te marchaste con él y me dejaste allí, donde cada otoño espero volver a verte. Espero volver a ver tu sonrisa paseándose por aquel parque, donde, me enamoré de ti.

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