Quizá escondí bajo un caparazón al que me gusta de vez en cuando llamar "corazón", todo lo que algún día sentí. Simplemente por miedo de mostrarme tal y como soy, por recelo o sencillamente por desconfianza; porque creí que era mejor guardar lo que uno siente para sí mismo y que de donde viene, de lo más adentro y profundo del pecho, se quedara allí, en su lugar de origen... El caso es que..
-llegaste tú-
y todo mi mundo cambió, dio un giro repentino de 360º y yo no pude hacer nada... No pude evitar que invadieras todo de mí; no pude eludir las llamas en que mi pecho estaba ardiendo y quemándose por dentro, y decidí decírtelo y apostar... Y aposté. Y arriesgué. Y gané. Y perdí.
Aposté por ti y sin embargo me arriesgué en brazos de terceras personas, te gané con el tiempo y te consideré mío, y me consideré tuya. Y perdí, te perdí a ti. Pero todo pasa por algún motivo, no hay destino equívoco sino pretensiones basadas en escoger un camino final que no es el nuestro ni nos pertenece. Así que, de este modo, aposté todo y arriesgué lo que un día describía como lo que "más quería", y gané experiencia propiciada por miles de errores que cometí, mas perdí una parte de mi vida.
Que quiera o no, siempre formará parte de mí y de lo que soy. Siempre estará en mí.
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