Una, dos, tres, cuatro... Hasta que conté 100.
Fueron exactamente 100 palabras. Palabras que revoloteaban en mi cabeza, extrañas sensaciones y estremecimientos que mi cuerpo sufría cuando las pensaba. Eran palabras inventadas, palabras distintas, palabras profundas... Intento desvelar su significado, pero por más que intento no lo logro. Y es que ahora entiendo todo, ahora entiendo que esas 100 palabras en las que se perdían mis sueños, mis esperanzas y mi fe estaban disfrazadas con papel de color; eran mentira.

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